lunes, noviembre 30, 2009

H de Hospital (a la Manera de Tarantino)

- ...y a mí me gusta con un poco de hierbabuena, que es lo que le da el toque especial. Aquí la comida que ponen está tan sosa...
- Mujer, es normal, recuerda que tenemos una dieta sin sal.
- No, no me refiero a eso. Es sosa, insípida, ponen buena cantidad y tiene aspecto sabroso,  pero cuando la pruebas, apenas sabe a nada. Tengo que estar poniéndole limón a todo para que coja un poco de gusto. Hasta el aceite que usan es del suave. A veces creo que es de girasol.

- No, no debe, tienen que regirse por la dieta mediterránea, pero el aceite de oliva virgen tal vez les parezca demasiado fuerte para los enfermos, que algunos son muy delicados. Cuando pienso que en Francia, con la fama que tienen, usan para casi todo mantequilla, eso sí que es un sacrilegio. 
- Ay, es que a mí la nuvelcuisín esa es que no me atrae nada, donde se pongan nuestros potajes y nues...

¿Qué hora sería? Llevaba un rato dormido en el incomodísimo sillón de acompañante de la habitación, le había costado tanto coger el sueño que ahora que se había despertado no quería abrir los ojos para prolongar lo más posible el descanso. Y no paraban de hablar. Señal de que su madre estaba mejor, eso era bueno. Y a la mejoría acompañaba inevitablemente la locuacidad desatada. También parecía que la compañera de habitación se encontraba mejor. Vaya dos. No, no abriría los ojos, igual lograba transformar sus voces en un murmullo que le sumergiera un rato más en el sueño. Pero no callaban ni bajaban el tono. Le pareció extraño, su madre por muy parlanchina que fuera, también era prudente. Debía ser que estaba tan enfrascada en su conversación...

- ...tras ensaladas con un buen aceite. ¿Hay algo más rico que un tomate con ajo picado, sal gorda, perejil y un generoso chorro de aceite? Desde luego estos franceses no saben lo que se pierden. Tuvimos en casa una estudiante de intercambio que casi se desmaya un día cuando le dije que eso tan bueno que estaba tomando era sangre encebollada. Finolis. Habrase visto..
- Diga usted que sí, seguro que no han probado nunca los sesos, las criadillas, los callos...¿Qué tienen ellos, el suflé? Vaya porquería.



Un momento. A su madre le encantaba el suflé, de hecho lo preparaba de maravilla. Eso sí le pareció muy raro. Abrió los ojos y la vió mirándole fijamente desde su cama con los ojos muy abiertos, mientras seguía hablando con la vecina de asuntos culinarios. En esos ojos había alarma. La puerta de la habitación estaba abierta de par en par, algo que no era habitual, y el constante ajetreo de los pasillos ahora era un silencio inquietante, tan solo roto por las voces de las dos mujeres.



- Ay, y cada vez que pienso que ya no voy a poder tomar callos, judías con chorizo, fabada, que voy a tener que estar midiendo todo lo que como, sin sal, sin grasas, y mira que me gusta la verdura, pero donde se ponga una buena morcilla. Y se acabaron las tardes de domingo con los pasteles y la copita de anís, qué lástima....
- Así estoy yo también, hija mía, a ver qué nos inventamos para hacer los menús más llevaderos....


Le seguía mirando con la misma cara de alarma, bajando la vista de vez en cuando, como tratando de advertirle algo. Llevó la mirada, sin apenas moverse, a donde ella le indicaba, y allí, bajo la cama, agazapada,  temblorosa, estaba la enfermera de mirada triste. Sobresaltado, quiso ponerse de pie, y en ese momento entró un hombre de aspecto poco amigable pero modales educados.


- Saben, señoras, mi madre, que en paz descanse, era la mejor cocinera del mundo. Preparaba cualquier plato con gran cariño y sabiduría, su cocina era un templo...


Paseaba de un lado a otro de la habitación, despacio, asomando la cabeza por la puerta del baño sin dejar de hablar. Por la cazadora entreabierta se intuía amenazante la empuñadura de un arma. 


-...los asados eran su especialidad, con todas sus especias y las hierbas aromáticas y todo eso. Desde que nos dejó, nunca he vuelto a comer nada como lo que hacía. Mi mujer resultó ser una inútil en la cocina. Menos mal que en otros terrenos era una maestra -guiñó con complicidad en dirección al asustado hijo- Recuerdo una Navidad que preparó una pierna de cordero...¿Le gusta a usted el cordero, joven?


El tragó saliva, procurando disimular su pánico.


- Si, claro, el cordero es una carne realmente sabrosa.

- Ella es su madre, supongo. Una hermosa dama - Cogió la mano de su madre y la besó. El sudor frío caía en cascada por su espalda. - Seguro que es una gran cocinera. ¿Me equivoco?

- No, señor, no se equivoca - Los pies del hombre estaban a escasos centímetros de la enfermera, que se tapaba la boca con ambas manos.


De pronto entró otro hombre de aspecto no menos temible.


- Jefe, no está aquí, me acaban de avisar que la han visto salir por la puerta del laboratorio.

- Está bien, no perdamos tiempo, no hay que dejar que esa zorra se nos escape. Ha sido un placer, señoras. Y usted, joven, cuide de su madre o lo lamentará.

viernes, noviembre 27, 2009

Frankie Observa


 
Ahora que por uno de esos absurdos caprichos de la Industria Discográfica (y sus Mariachis), vuelven Holly Johnson y sus secuaces, o sea, Frankie Goes To Hollywood, que sólo editaron dos álbumes y ya llevan 5 recopilaciones desde los 90 para acá, es el momento de recuperar la que ha sido desde siempre mi canción preferida del grupo. El archifamoso, mega-radiado y super-expuesto "Relax" nunca me gustó demasiado, la verdad. Tenía su gracia por lo guarrindongo y por todo aquello de censurarlo en la BBC, y sobre todo porque sirvió de inspiración a aquella joyaza llamada "High Energy", de Evelyn Thomas, canción mariquitusa y discodanzante donde las haya. Pero en sí....a mi siempre me dejó frío. "Two Tribes" era pesadita, con un vídeo salvajemente divertido, pero poco más. "The Power of Love" es una maravilla, una sorpresa épica e hiper-romántica tras sus dos primeros singles tan bestiajos. Luego llegaron el cuarto single y el álbum, "Welcome To The Pleasure Dome", irregular, con muy buenos momentos y abundantes tonterías. Un tiempo de gira, peleas, sobredosis de fama, descontentos con el rumbo tomado, las dos lobas contra los tres presuntos heteros, que si tú eres una mala, que si tú eres una antigua, que si vosotros bien que estáis aquí por el dinero y mucho ji-jí y ja-já pero sois unos homófobos....en fin, lo que tienen las familias, ahora te quiero, ahora te quiero matar.


Y volvieron con "Liverpool", con un fantástico single de presentación ("Rage Hard"), un segundo single aún mejor ("Warriors of the Wasteland"), y crítica y público les fueron dando la espalda. Para mi gusto, fue su mejor momento, aunque haya pasado casi al olvido, sepultado por el recuerdo del primer disco. Su último single, que no funcionó nada bien en las listas, es para vuestro humilde narrador su mejor tema, "Watching The Wildlife". Y merece un post para él solo. Así que me callo, que cualquier cosa que diga no servirá para nada cuando podéis escucharlo y descubrirlo o redescubrirlo por vosotros mismos, oh ochentistas y vidasalvajados lectores. Dejo el vídeo original del single (bastante soso), y una de las versiones maxi que se editaron, mucho más larga y "mucho más mejor", con un vídeo hecho por un youtubero filmando la calle en algún lugar de Polonia (hay gente pa tó). Observemos todos juntos la Vida Salvaje.



jueves, noviembre 26, 2009

Me

Me gusta cuando hablas porque estás como presente. Me importa que me cuentes tu opinión sobre el mundo en que vivimos y la vida en general. Me agradan tus gestos apasionados, tu mirada expresiva, la manera en que marcas cada detalle y cada inflexión con un parpadeo rítmico y juguetón, que parece ayudar a que las palabras que van saliendo de tu boca se esparzan por el aire. Me conmueve cómo se te nubla el semblante cuando denuncias injusticias, me divierte tu forma de contar con brío y mil matices cada anécdota. Me seduce que claves los ojos en los míos para que sólo pueda prestarte atención a tí. Me estremece notar tus manos a través de la ropa cuando me tocas, uno más de los movimientos en tu coreografía de interlocutor completo.


Me gusta pensar que piensas esto cuando te hablo. Me temo que tu mirada suplica que me calle porque te pongo la cabeza como un bombo.