09061972
La contraseña no es válida. Inténtelo de nuevo.
Desde que se marchó, silencioso, sin avisar, le parecía estar viviendo dentro de un sueño. No era una pesadilla, era un mal sueño, en el que el tiempo y las voces se difuminaban. Esa sensación tan tópica que solían describir en libros y películas, ahora comprendía que era cierta. A pesar de ser un hombre alegre, cariñoso, con un buen trabajo en el que era valorado y muy querido, siempre vió una tristeza infinita en su mirada, un algo de tormento que despertaba deseos de protección y cobijo en ella. Nunca quiso contar mucho de su vida, pero de aquí y allá iba reuniendo piezas que indicaban sin lugar a dudas una infancia difícil, y aunque aparentemente superada, esas ausencias en su mirada, esos momentos taciturnos, el aplazamiento constante de la idea de tener hijos demostraban que aún quedaban tristezas o dolores por aliviar. Pero ella era paciente, entregada. Enamorada. Y la mañana que despertó a su lado, sobresaltada al comprobar que pasaba con mucho la hora habitual y él seguía inmóvil en la cama, comenzó el sueño. Si me hubiera despertado durante la noche habría visto el bote vacío de pastillas y habría actuado a tiempo. Si hubiera estado más pendiente, habría visto que algo no iba bien. Si....si....
Ni una nota, ni una explicación. Nada, sólo le dejó dolor.
Y ahora, semanas después, por fín había reunido el valor para entrar en su despacho y hacer limpieza. Le quedaban lágrimas de sobra, pero decidió retenerlas hasta acabar la tarea, y se sorprendió sonriendo y hasta soltando alguna carcajada con las fotos de sus viajes o los recortes de noticias absurdas que coleccionaba, Metódico como era, tenía varias carpetas de fotos perfectamente organizadas en su portátil. Curiosamente, una se llamaba "Playa", pero donde esperaba encontrar sus recuerdos costeros, esas escapadas para recorrer el litoral que tanto les gustaban, solamente había fotos de niños. Sus sobrinos, los hijos de amigos, vecinos, algunos que no conocía. En bañador, algunos desnudos en la orilla, fotos en piscinas o campings (él nunca quería ir de camping, le pareció extraño), en duchas de casas que no reconocía. Fotos aparentemente inocentes que le causaron gran inquietud.
Y una carpeta. "PDFL". Probó con varias contraseñas (fechas importantes, nombres de famiiares, cosas que se le iban ocurriendo), hasta que por fín tuvo una idea. Una vez le dijo que su madre de niño le llamaba "Pichuco", algo que le hacía avergonzarse cuando había visitas.
pichuco
Contraseña válida.
Y entonces, horrorizada, lo comprendió todo.
La contraseña no es válida. Inténtelo de nuevo.
Desde que se marchó, silencioso, sin avisar, le parecía estar viviendo dentro de un sueño. No era una pesadilla, era un mal sueño, en el que el tiempo y las voces se difuminaban. Esa sensación tan tópica que solían describir en libros y películas, ahora comprendía que era cierta. A pesar de ser un hombre alegre, cariñoso, con un buen trabajo en el que era valorado y muy querido, siempre vió una tristeza infinita en su mirada, un algo de tormento que despertaba deseos de protección y cobijo en ella. Nunca quiso contar mucho de su vida, pero de aquí y allá iba reuniendo piezas que indicaban sin lugar a dudas una infancia difícil, y aunque aparentemente superada, esas ausencias en su mirada, esos momentos taciturnos, el aplazamiento constante de la idea de tener hijos demostraban que aún quedaban tristezas o dolores por aliviar. Pero ella era paciente, entregada. Enamorada. Y la mañana que despertó a su lado, sobresaltada al comprobar que pasaba con mucho la hora habitual y él seguía inmóvil en la cama, comenzó el sueño. Si me hubiera despertado durante la noche habría visto el bote vacío de pastillas y habría actuado a tiempo. Si hubiera estado más pendiente, habría visto que algo no iba bien. Si....si....
Ni una nota, ni una explicación. Nada, sólo le dejó dolor.
Y ahora, semanas después, por fín había reunido el valor para entrar en su despacho y hacer limpieza. Le quedaban lágrimas de sobra, pero decidió retenerlas hasta acabar la tarea, y se sorprendió sonriendo y hasta soltando alguna carcajada con las fotos de sus viajes o los recortes de noticias absurdas que coleccionaba, Metódico como era, tenía varias carpetas de fotos perfectamente organizadas en su portátil. Curiosamente, una se llamaba "Playa", pero donde esperaba encontrar sus recuerdos costeros, esas escapadas para recorrer el litoral que tanto les gustaban, solamente había fotos de niños. Sus sobrinos, los hijos de amigos, vecinos, algunos que no conocía. En bañador, algunos desnudos en la orilla, fotos en piscinas o campings (él nunca quería ir de camping, le pareció extraño), en duchas de casas que no reconocía. Fotos aparentemente inocentes que le causaron gran inquietud.
Y una carpeta. "PDFL". Probó con varias contraseñas (fechas importantes, nombres de famiiares, cosas que se le iban ocurriendo), hasta que por fín tuvo una idea. Una vez le dijo que su madre de niño le llamaba "Pichuco", algo que le hacía avergonzarse cuando había visitas.
pichuco
Contraseña válida.
Y entonces, horrorizada, lo comprendió todo.
Pornografía Infantil NO.
20 de Noviembre.
Día Universal del Niño.

