"Se te ve más serio en esta entrada pero estabas ahí sin duda, lo del macramé me lo ha dejado bien clarito" (frase aguda y certera extraida del comentario de Argax sobre mi entrada de ayer)
Ah, queridos y procesodecreacionintrigados lectores, qué difícil me lo habéis puesto. Y qué apasionante, a la vez. Vuelvo a agradecer calurosamente (pero calor seco, no húmedo como el que tenemos por estas latitudes que te deja pringoso y, como te descuides, tufo-oliente) vuestra participación, que dejó el espacio de los comentarios lleno de perlas y brillanteces que harían palidecer a la mismísima Norma Desmond. Y a mí, sumido en un mar de respuestas a calibrar.
Si esto hubiera sido un concurso, el premio sin duda habría quedado repartido entre dos ilustres Ues (un-angel y Uno) y una E (eppes), que fueron los que más se acercaron al punto de vista que vuestro humilde narrador trataba de exponer. Casi todos los demás os centrásteis en "El Final" como tema en sí mismo. Y estamos todos de acuerdo (ya se decía en la primera entrada, seria y rigurosa pero con macramé teodoriano) en que los finales no existen. Las historias siempre se pueden prolongar en nuestra cabeza cuando terminamos de ver una película o leer un libro, o con el tiempo el autor puede revisar su obra y hacer un nuevo montaje, crear un epílogo que no existía, meter un par de estrofas en una canción, dar pinceladas nuevas al cuadro, puntadas al vestido, pulir detalles de una escultura...como decía ayer, yo me quedo conforme del punto en que me quieran dejar una obra (película, libro, canción, escultura...) aunque no me deje satisfecho, pero es como el autor lo ha querido, y lo acepto. Y ahí es donde intentaba dirigir el asunto, al momento en que el creador decide que ya ha contado, pintado o compuesto lo que quería, y nos sirve el resultado a nosotros para que hagamos o deshagamos...
Otra frase aguda la escribió Stultifer, "La entrada de un bloguero acaba en el momento que su visitante deja de leer". Vale, pero a mí me interesa el punto en el que el bloguero decide terminar, luego la entrada se coloca, y ya es del dominio público para leerla, dejar de leerla, comentarla o rebatirla. Y aunque siga teniendo vida, como decía Squirrel, porque sigan llegando comentarios meses o hasta años después, el creador la acabó cuando le pareció oportuno. Podía llevar un párrafo, dos, tres....pero llegó un momento en el que pensó "ya está". ¿Qué le hizo pensar eso? Y recordad que siempre hablo desde la libertad del que crea, sin presiones de productores, editores, la autocensura o prudencia del que cree que va a aburrir por ser el texto muy largo o denso...etc. Claro que con el tiempo el autor puede haber madurado o experimentado con otras formas de expresión, y se horroriza con lo que antes creó o simplemente piensa que podría retocarlo (la anécdota del pintor que contaba Edgard), pero en el momento que lo terminó por primera vez para darlo a conocer....ah, ahí está el misterio. No me digáis que no es fascinante. Y sobre todo no digáis que me como el tarro preocupo por tonterías. O sí, decidlo, posibleMente tengáis razón.
Y sobre el fin del amor, pues diré que no era más que un golpe de efecto para acabar dramaqueenescamente el post. Por supuesto que un amante sabe cuándo el amor se ha acabado, porque, a menos que seas una persona (tigresa -o tigreso-) calculadora y malvada, uno puede alimentarlo, mantenerlo, dañarlo, celebrarlo, pero no puede crear el amor ni tampoco terminarlo a su antojo. Una relación sí, pero el amor como sentimiento....eso es imposible (tigresas y tigresos aparte).
¿Sigo? ¿no sigo? ¿He dicho ya lo que tenía que decir? ¿Me encontraré este texto en una futura limpieza bloguera para darme cuenta de que sigo lleno de dudas? ¿Querré cambiar alguna línea? ¿Seguiré queriendo ser Bonnie Tyler? ¿habrá encontrado Zío un mecenas que nos saque del arroyo?
Lo que me temía, todo son preguntas.
(Cómo no, se preguntan por el fin del amor. Si es que esto no puede ser....)
Y todavía me veo haciendo una tercera parte. Que noooo, que es broma :-)