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viernes, diciembre 03, 2010

(pequeños) Milagros





La Milagros, sin levantarse, sin mirarle, le dice que deje el dinero en la mesita de noche. Él no habla, deja un par de billetes de poco valor y la ve hacer un gesto de asentimiento, tan desganado como el rostro lleno de maquillaje barato de la mujer que ocupa la cama. Tan desganado como las flores de plástico que intentan dar un poco de alegría a ese cuarto de pocos muebles. Una cama, una mesita, un lavabo con una toalla que no invita a ser usada y un espejo en el que él mira el desganado reflejo de la Milagros mientras se va desnudando. La ve repasarse con indiferencia el esmalte de uñas, y después mirar a la nada del techo en un inequívoco gesto de impaciencia. Él no habla, se pregunta cuántos habrán visitado esa cama hoy, cuántos ayer, quién será el siguiente. Cuántas veces la Milagros se habrá abandonado al rítmico crujir de los muelles para acompasarlo al crujir de su corazón hasta amortiguarlo y conseguir que el tiempo pasara más ligero. Se mete en la cama, agradablemente cálida, y ella empieza a hacer su trabajo mecánicamente mientras le dice picardías con el mismo tono que se recitaría un menú en una casa de comidas, qué te pasa encanto tienes frío estás temblando, pero él no habla, tan solo la abraza. Pasa su hora pactada abrazando en silencio a Milagritos, a su primera novia, a la que le prometió amor eterno entre tablas de multiplicar y le robó un beso bajo un árbol frente a su casa, con el consiguiente cachete materno niño tú qué te has creido que no me chupo el dedo pues nos han fastidiao, a la que un maldito traslado del padre arrancó de su lado. A la que cree reconocer al verla entrar en un portal, en este portal, unas semanas atrás, a pesar de todo hermosa bajo esa capa de maquillaje barato y desganado. Pasa los siguientes días indagando, espiando, comprendiendo, hasta que por fín se decide a reservar una hora con la dueña del negocio seguro que no prefiere a la Puri está libre ahora y está muy nueva. Pero él quiere a la Milagros. A Milagritos.

Él no habla, se viste lentamente y la vuelve a observar desde el espejo, tumbada en la cama. La ve mirar al techo, pero la anterior impaciencia ahora diríase inquietud, y sin atreverse a volver la cara hacia ella al despedirse Adiós Milagritos juraría que ha visto una lágrima corriendo por su mejilla.

jueves, septiembre 16, 2010

ReCordando (RePostando)

Me váis a perdonar, queridos y teosaturados lectores, pero voy a recuperar otra entrada antigua, que casualMente es la que seguía a aquella de la semana pasada sobre los finales y tal. Ya hace tiempo que venía pensando en ponerla de nuevo, porque en principio iba a ser un "relato por entregas" (mira qué pretencioso), pero no pasó de la primera, en esa época apenas escribía y no supe cómo continuarlo, aunque siempre me quedé con ganas. Y ahora lo voy a intentar, supongo.

Como parece que a veces soy más críptico, simbólico o galvanoplástico de lo que pretendo, según leo en vuestros comentarios, os voy a hacer un making-of ahora mismo, justo antes del texto, para que no vayáis a buscar dobles o triples sentidos o intenciones en lo que se cuenta, aunque realmente creo que no ofrece muchas interpretaciones posibles, pero nunca se sabe...

The facts were these (me gusta esa frase, lo siento): Yo nací con tres días de retraso. Mi madre se puso de parto, y al llegar a la clínica, se calmaron las contracciones, los dolores, todo. Y yo no salía. Ella ya había tenido dos antes, así que estaba bien segura de que no era una falsa alarma. Pero yo no aparecía. Finalmente, tres días después de aquello, nací, con el cordón umbilical enrollado en el cuello, morado como una berenjena y casi sin respiración.  Pero bueno, al final un poco de spanking se encargó de que el mundo sufriera ganara un desprestigioso bloguero, ya véis. Y eso es lo que cuenta esta historia, titulada como una gran canción.


Living A Boy's Adventure Tale (I)
  (22 de Mayo de 2007)



Se estaba calentito y a salvo allí dentro. Por alguna razón lo que había fuera parecía amenazador, y él decidió que no iba a salir. En un primer momento las cosas siguieron su curso, el tiempo se había acabado y la fuerza exterior empezó a tirar de él. La nave nodriza se dirigió, no sin bastante traqueteo, a la base donde iban a ayudarle a extraer al huésped, pero una vez allí, el traqueteo se calmó. La nodriza sintió algo de vergüenza, ella ya había pasado dos veces antes por eso, y aparentemente sabía cuándo era una falsa alarma. Todos los técnicos y operarios le dijeron con tacto y dulzura que no había de qué preocuparse, que aún estaban dentro del plazo, y podía permitirse un tiempecito de espera, controlado y supervisado. Pero el huésped no lo iba a poner tan fácil. Se estaba calentito y a salvo allí dentro.


Por fín, al tercer día desde el primer aviso, no hubo más remedio que salir. Y en un último intento desesperado por permanecer en ese lugar lleno de paz, calor y seguridad, agarró lo que tenía más a mano, el cable de alimentación, se lo enroscó como pudo al cuello (sus movimientos aún eran torpes e inexpertos) y pensó "tal vez no tenga la longitud suficiente y consiga retenerme aquí"... pero se equivocó. Los operarios, concentrados en ese momento crucial, miraron con preocupación al huesped, de un color violáceo intenso, que no emitía señal alguna, y cuando vieron el cable apretando su cuello corrieron a cortarlo y dejarlo libre. Pero el huésped seguía morado e inmóvil. Hasta que finalmente, tras unos cuantas sacudidas, emitió una señal fuerte, intensa, poderosa. Todos suspiraron aliviados, celebraron que hubiera salido todo bien, nadie se percató de que esa señal era un aullido de dolor, un lamento desgarrado por haber sido expulsado de la nodriza que lo había mantenido cobijado y nutrido. Si, se estaba calentito y a salvo allí dentro.
 
(¿Continuará?)

jueves, junio 10, 2010

Una Tarde Como Esta

En el parque todo está tranquilo. Parece que el tiempo se ha ralentizado, incluso detenido, para permitir que esos tres niños completen sin prisas su aventura, ajenos a todo el mal del Universo y a todos los deberes que les quedan por hacer cuando vuelvan a casa. Para que la abuela de vestido verde siga contando las miserias de su hijo abogado tan trabajador y esforzado, malcasado con una peluquera (..."chica, esteticién dice ella, que se las da de fina y no es más que una paleta que no paró hasta hacerse un bombo para enganchar a mi Ricardín"...) sin perder de vista al nieto, lo único bueno que ha salido de esa lagarta que ni siquiera sabe dar las mechas Como Dios Manda. Historias que sus compañeras de cuidado infantil han oido tantas veces (..."pero cualquiera calla a la Puri, hija, parece que la dan cuerda" "ya te digo, y de que su Ricardín es un plutócrata no dice ni pío, oyes" "ludópata, se dice ludópata. Se gasta todo el sueldo en el bingo y las tiene a las dos asfixiadas. Y no es por nada pero el nieto les ha salido un poco rarito, todo el día dando la vara con la Juana Montera esa" "Montana, Juana Montana" "ay, chica, pues Montana, eso no son cosas de niño, mira qué te digo"...). Para que el Corredor pueda repasar mentalmente una vez más lo que quiere decirle a la Chica Lectora y para que una vez más se arrepienta en el último instante pensando que no puede declararse estando sudado y jadeante, y que ya lo hará mañana. Desde mi ventana veo el parque, tranquilo, con casi los mismos personajes de cada tarde, como una moviola eterna de sobremesa.

Desde el parque, ellos no pueden ver cómo mi casa se va llenando de humo. Humo espeso, oscuro y amenazante. Humo que se acerca a ritmo inexorable, empaña la vista y ahoga el respiro impidiéndome pedir auxilio. Humo que es posible que solo yo vea, saliendo de tus orejas al descubrir que me he cargado tu camisa favorita por un error en el programa de lavado.


"...Take one last look at this Sacred Heart before it blows..."

viernes, diciembre 18, 2009

(Re) Cuento de Navidad

(Recupero, oh zambombistas y hartonavideños lectores, un texto que posteé en Enero de 2008 y que creo que es muy apropiado para estas fiestas que ya tenemos encima. Es un relato totalmente "Teodorífico", con su poquito de ciencia-ficción, su mijita de magia, su golpe de suspense, su puntito de amor... vaya, que solo le falta la música, aunque creo que os podréis imaginar cuál sería la banda sonora en cuanto lo leáis. Espero que os guste.)

Wrap Her Up (Fantasía Pesadillesca Navideña)

Si las miras de cerca ves que tienen algo extraño. Pero nadie las mira de cerca. En realidad nadie mira más que sus manos. Nunca han visto la luz del día, ni siquiera la de la noche. Sólo conocen la iluminación artificial, que acentúa sus peculiares rasgos, por lo que antes de incorporarse a su puesto pasan por un departamento de estilismo en el que son maquilladas hasta conseguir un efecto lo más natural posible. Sus manos son enfundadas en unos guantes de un material especial de fórmula secreta creado por científicos de la NASA, una especie de látex con textura exacta a la de la piel humana. Hay que recordar que este material ha sido reformulado y perfeccionado durante años, y en ese tiempo muchas personas se desvanecieron y sufrieron colapsos al ver el aspecto real de aquellas hábiles manos. Aún hay gente de cierta edad que sufre pesadillas por lo que una vez vieron.


Viven en los sótanos de los grandes centros comerciales, donde también fueron engendradas por madres de su misma especie inseminadas por una máquina con esperma modificado con una combinación de ADN de las elegidas, que sólo producía hembras. Crecieron alimentadas por pasta de papel y goma arábiga, amén de unos cócteles de vitaminas y compuestos genéticos impronunciables para bloquear su madurez, porque todo el mundo sabe que las hembras destinadas a ese puesto no deben superar cierta edad (o apariencia de edad, en realidad). Ni que decir tiene que las que superaban la (apariencia de) edad permitida eran enviadas a la planta de reciclaje. Durante su (por así llamarlo) infancia las limitaron apenas a cultivar el trabajo manual, no aprendieron el lenguaje como tal, tan sólo a memorizar un catálogo de frases comunes en diferentes entonaciones que descifraban y reconocían como preguntas o imperativos, para las que tenían otro listado de respuestas automáticas. El público no necesitaba más.


Solo salen en contadas ocasiones, los días que rodean al 14 de febrero, 19 de Marzo, primer domingo de Mayo, 12 de Octubre...y la época en la que brillaban a ojos de todos, la Navidad. Cuatro semanas envolviendo regalos y más regalos de todas las formas y tamaños sin descanso, con una habilidad pasmosa. Unos días de gloria en los que su no desarrollada inteligencia comenzaba a reaccionar ante tanto estímulo. A partir de la semana 3 los guardias de seguridad tenían la orden de tener un ojo siempre pendiente de las Envolvedoras, y al más mínimo indicio de autonomía de alguna debían dar la voz de alerta para que fuera sustituida.


Cuentan que un guardia novato quedó prendado de una Envolvedora de la sección Caza y Pesca, desoyendo las advertencias de sus compañeros, y en plena vorágine de un 5 de Enero (si, los Reyes Magos también regalan objetos para matar animales, qué os creíais) la cogió en volandas desde el otro lado del mostrador, fuerte como él era, y la llevó en brazos fuera del edificio, para que conociera la calle, la ciudad, el aire....y con un poco de suerte el amor. Entre gritos y reproches del público que aguardaba (im)pacientemente a que sus aparejos, fusiles, sedales, carretes y demás absurdos regalos fueran envueltos, y sorteando a los demás vigilantes, consiguió sacarla de allí. Una vez a salvo, la miró de cerca, y viendo sus ojos de desconcierto que no le devolvían reflejo, no pudo resistir besarla. Ambos quedaron al instante convertidos en estatuas de papel dorado, y ahí donde habían estado sus ojos, relucían dos moñas de lazo trenzado.

miércoles, octubre 21, 2009

In Convenience

Iba tan ensimismado recordando su olor y sus palabras, que se perdió dos veces en aquél laberíntico bloque cerrado de edificios tratando de encontrar la salida. Tenía un cansancio tan placentero, un principio de agujetas muy estimulante y no le apetecía pensar en cómo disimularía esas marcas tan escandalosas que había visto en su cuello, reflejado en el espejo del ascensor. No le importó que le despidiera con un frío "ya nos vemos, si eso". Si eso. Estaba claro que no había intención de repetir, aunque hubiera preferido una separación más dulce, como dulcemente salvaje había sido el encuentro. Y qué, había merecido la pena. Cómo le había dicho que se llamaba....mmm...¿o no se lo había dicho? No recordaba que hubieran hablado gran cosa, aunque sí recordaba las palabras, por decir algo, que habían salido de sus excitadas bocas en una sinfonía aullante algo desafinada y solo para (muy) adultos. Confió en que las paredes no fueran tan delgadas como es habitual en los edificios de apartamentos. Aunque si al inquilino no parecía preocuparle, qué más le daba a él. Después de un par de vueltas y varios rellanos y corredores más, logró encontrar la salida. Cuando entró con él, desde el garaje, el viaje había sido corto y directo, o tal vez no, estaba demasiado ocupado en comerle unas cuantas partes del cuerpo como para fijarse. Pero al fín estaba en el portal. Abrió, y el frío viento seco de otoño le colocó de nuevo en la madrugada del mundo real. Respiró profundamente, satisfecho, y al oir cerrarse la puerta, se dió cuenta de que se había dejado las llaves arriba.