Ronronia Adramelek, hacedora de un interesantísimo blog, y generadora de algunos de los comentarios más inteligentes que estos humildes ojos han leido desde que el mundo es blog, publicó el lunes esta curiosa foto.
Y al momento me vino a la cabeza un texto de 2008, cuando este desprestigioso blog era un puro erial (como si ahora fuese otra cosa, vaya), donde utilicé por primera vez la palabra desastronauta. No hace mucho, googleando me enteré de que hay un libro escrito en 1971 por un autor portugués, Flavio Moreira da Costa, llamado "O Desastronauta". Juro que no tenía ni idea, y aún no sé cómo se me ocurrió tal término. No sé si leí algo sobre el libro y se me quedó agazapado en algún pliegue de la memoria, o tal vez simplemente se me ocurrió de la nada. No me creo tan original como para algo así, pero quién sabe. En cualquier caso, creo que me define bastante bien, por eso pasó a ser el subtítulo de este blog. Recupero ahora este texto, aprovechando que estoy en una etapa de alarmante falta de ideas. Y aunque he estado tentado de cambiar algunas cosas, lo dejo tal cual se publicó, tiene su gracia porque es así como muy de drama y tal, que me gusta mucho. Yo es que soy muy de drama, no sé si os habíais percatado. Y la música de acompañamiento es mu bonica.
Hay días que soy un muro. Hay días que soy una esponja. Unas veces musgo, otras brezo. Creo que soy más cristal que acero, aunque lo mismo soy metacrilato (Woody Allen me mandaría derecho al infierno). Una anguila a la que me gustaría impulsarle ortográficamente la a, quitarle la ene y dársela a la traca. Soy una tira de velcro que se sueña satén. Una señal de stop. Un bosque tenebroso de deseos imposibles. Una pluma que viaja en busca de una hoja en blanco, y que cuando la encuentra descubre que la tinta se le ha secado. Un acorde en desacuerdo (déjame en paz de una vez, Woody). Una maleta con el cierre cedido que va dejando escapar (d)efectos personales.
Unas gotas de sangre en el parquet (ay no, eso es de Tino Casal).
La huella antigua de un desastronauta.
Y al momento me vino a la cabeza un texto de 2008, cuando este desprestigioso blog era un puro erial (como si ahora fuese otra cosa, vaya), donde utilicé por primera vez la palabra desastronauta. No hace mucho, googleando me enteré de que hay un libro escrito en 1971 por un autor portugués, Flavio Moreira da Costa, llamado "O Desastronauta". Juro que no tenía ni idea, y aún no sé cómo se me ocurrió tal término. No sé si leí algo sobre el libro y se me quedó agazapado en algún pliegue de la memoria, o tal vez simplemente se me ocurrió de la nada. No me creo tan original como para algo así, pero quién sabe. En cualquier caso, creo que me define bastante bien, por eso pasó a ser el subtítulo de este blog. Recupero ahora este texto, aprovechando que estoy en una etapa de alarmante falta de ideas. Y aunque he estado tentado de cambiar algunas cosas, lo dejo tal cual se publicó, tiene su gracia porque es así como muy de drama y tal, que me gusta mucho. Yo es que soy muy de drama, no sé si os habíais percatado. Y la música de acompañamiento es mu bonica.
Auto Mata
(15 de Julio de 2008)
Hay días que soy un muro. Hay días que soy una esponja. Unas veces musgo, otras brezo. Creo que soy más cristal que acero, aunque lo mismo soy metacrilato (Woody Allen me mandaría derecho al infierno). Una anguila a la que me gustaría impulsarle ortográficamente la a, quitarle la ene y dársela a la traca. Soy una tira de velcro que se sueña satén. Una señal de stop. Un bosque tenebroso de deseos imposibles. Una pluma que viaja en busca de una hoja en blanco, y que cuando la encuentra descubre que la tinta se le ha secado. Un acorde en desacuerdo (déjame en paz de una vez, Woody). Una maleta con el cierre cedido que va dejando escapar (d)efectos personales.
Unas gotas de sangre en el parquet (ay no, eso es de Tino Casal).
La huella antigua de un desastronauta.
