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miércoles, marzo 09, 2011

Mismidades

Ronronia Adramelek, hacedora de un interesantísimo blog, y generadora de algunos de los comentarios más inteligentes que estos humildes ojos han leido desde que el mundo es blog, publicó el lunes esta curiosa foto.



Y al momento me vino a la cabeza un texto de 2008, cuando este desprestigioso blog era un puro erial (como si ahora fuese otra cosa, vaya), donde utilicé por primera vez la palabra desastronauta. No hace mucho, googleando me enteré de que hay un libro escrito en 1971 por un autor portugués, Flavio Moreira da Costa, llamado "O Desastronauta". Juro que no tenía ni idea, y aún no sé cómo se me ocurrió tal término. No sé si leí algo sobre el libro y se me quedó agazapado en algún pliegue de la memoria, o tal vez simplemente se me ocurrió de la nada. No me creo tan original como para algo así, pero quién sabe. En cualquier caso, creo que me define bastante bien, por eso pasó a ser el subtítulo de este blog. Recupero ahora este texto, aprovechando que estoy en una etapa de alarmante falta de ideas. Y aunque he estado tentado de cambiar algunas cosas, lo dejo tal cual se publicó, tiene su gracia porque es así como muy de drama y tal, que me gusta mucho. Yo es que soy muy de drama, no sé si os habíais percatado. Y la música de acompañamiento es mu bonica.


 Auto Mata 
(15 de Julio de 2008)

Hay días que soy un muro. Hay días que soy una esponja. Unas veces musgo, otras brezo. Creo que soy más cristal que acero, aunque lo mismo soy metacrilato (Woody Allen me mandaría derecho al infierno). Una anguila a la que me gustaría impulsarle ortográficamente la a, quitarle la ene y dársela a la traca. Soy una tira de velcro que se sueña satén. Una señal de stop. Un bosque tenebroso de deseos imposibles. Una pluma que viaja en busca de una hoja en blanco, y que cuando la encuentra descubre que la tinta se le ha secado. Un acorde en desacuerdo (déjame en paz de una vez, Woody). Una maleta con el cierre cedido que va dejando escapar (d)efectos personales. 

 Unas gotas de sangre en el parquet (ay no, eso es de Tino Casal).


La huella antigua de un desastronauta.



jueves, septiembre 16, 2010

ReCordando (RePostando)

Me váis a perdonar, queridos y teosaturados lectores, pero voy a recuperar otra entrada antigua, que casualMente es la que seguía a aquella de la semana pasada sobre los finales y tal. Ya hace tiempo que venía pensando en ponerla de nuevo, porque en principio iba a ser un "relato por entregas" (mira qué pretencioso), pero no pasó de la primera, en esa época apenas escribía y no supe cómo continuarlo, aunque siempre me quedé con ganas. Y ahora lo voy a intentar, supongo.

Como parece que a veces soy más críptico, simbólico o galvanoplástico de lo que pretendo, según leo en vuestros comentarios, os voy a hacer un making-of ahora mismo, justo antes del texto, para que no vayáis a buscar dobles o triples sentidos o intenciones en lo que se cuenta, aunque realmente creo que no ofrece muchas interpretaciones posibles, pero nunca se sabe...

The facts were these (me gusta esa frase, lo siento): Yo nací con tres días de retraso. Mi madre se puso de parto, y al llegar a la clínica, se calmaron las contracciones, los dolores, todo. Y yo no salía. Ella ya había tenido dos antes, así que estaba bien segura de que no era una falsa alarma. Pero yo no aparecía. Finalmente, tres días después de aquello, nací, con el cordón umbilical enrollado en el cuello, morado como una berenjena y casi sin respiración.  Pero bueno, al final un poco de spanking se encargó de que el mundo sufriera ganara un desprestigioso bloguero, ya véis. Y eso es lo que cuenta esta historia, titulada como una gran canción.


Living A Boy's Adventure Tale (I)
  (22 de Mayo de 2007)



Se estaba calentito y a salvo allí dentro. Por alguna razón lo que había fuera parecía amenazador, y él decidió que no iba a salir. En un primer momento las cosas siguieron su curso, el tiempo se había acabado y la fuerza exterior empezó a tirar de él. La nave nodriza se dirigió, no sin bastante traqueteo, a la base donde iban a ayudarle a extraer al huésped, pero una vez allí, el traqueteo se calmó. La nodriza sintió algo de vergüenza, ella ya había pasado dos veces antes por eso, y aparentemente sabía cuándo era una falsa alarma. Todos los técnicos y operarios le dijeron con tacto y dulzura que no había de qué preocuparse, que aún estaban dentro del plazo, y podía permitirse un tiempecito de espera, controlado y supervisado. Pero el huésped no lo iba a poner tan fácil. Se estaba calentito y a salvo allí dentro.


Por fín, al tercer día desde el primer aviso, no hubo más remedio que salir. Y en un último intento desesperado por permanecer en ese lugar lleno de paz, calor y seguridad, agarró lo que tenía más a mano, el cable de alimentación, se lo enroscó como pudo al cuello (sus movimientos aún eran torpes e inexpertos) y pensó "tal vez no tenga la longitud suficiente y consiga retenerme aquí"... pero se equivocó. Los operarios, concentrados en ese momento crucial, miraron con preocupación al huesped, de un color violáceo intenso, que no emitía señal alguna, y cuando vieron el cable apretando su cuello corrieron a cortarlo y dejarlo libre. Pero el huésped seguía morado e inmóvil. Hasta que finalmente, tras unos cuantas sacudidas, emitió una señal fuerte, intensa, poderosa. Todos suspiraron aliviados, celebraron que hubiera salido todo bien, nadie se percató de que esa señal era un aullido de dolor, un lamento desgarrado por haber sido expulsado de la nodriza que lo había mantenido cobijado y nutrido. Si, se estaba calentito y a salvo allí dentro.
 
(¿Continuará?)

lunes, septiembre 06, 2010

Endlessly




(Ayer estuve ordenando y quitando un poco de polvo del blog, que estaba ya que parecia un ZaraTara, y me encontre con esta cosita que he querido recuperar, por una parte, porque todavia no he encontrado respuesta -ni creo que lo haga, realmente-, y por otra, porque me hace mucha gracia ver como ha cambiado mi forma de escribir - lo he dejado tal cual estaba con un par de retoques minimos-. Tambien es verdad que hace 3 años no se me habia ido la olla de manera tan bestial como ahora. No es que fuera un ejemplo de cordura, pero al menos no era multipolar, ni discodancer memorativo, no me daba por hacer tontadas absurdas experimentos ni inventarme cuentuchos contar historias... todo eso que ya sabeis. Y si alguien tiene una respuesta al asunto en cuestion, por favor, decidla, y hareis feliz -Taylor- a vuestro humilde narrador)

         Acabar De Acabar (7 de Mayo de 2007)

Y digo yo, ¿cuándo tiene un creador la sensación de que su trabajo está terminado? Es algo que siempre me ha intrigado tremendamente. Es verdad que a veces hay presión por parte "del que paga", censura, escasez de medios, y muchas circunstancias que hacen que el autor no pueda decidir libremente dónde poner punto final a su asunto, pero imaginando que se goce de completa autonomía y libertad de decisión, cuándo llega el final? Hay novelas o películas que tienen un final claro, se está contando una historia concreta y el desenlace es lo que le marca el fin. Aunque en realidad todos los finales son abiertos, porque es materialmente imposible contarlo todo. Los protagonistas se enamoran, se besan, y se acaba felizmente. Pero claro, luego viene la vida en común, las alegrías o decepciones, lo mismo uno de ellos podría morir al dia siguiente, o tener una crisis de fe, o abandonarlo todo por el macramé, quién sabe. Pero como la historia que nos estaban contando, que centraba su intriga en saber si se enamoraban o no (o encontraba el arca,o mataba al vampiro, o se hundía el barco, etc.), ya ha llegado al punto preciso, pues se puede dar por contada, y lo demás interesa menos. Muy bien. Pero, qué pasa con historias no tan concretas, que no tienen un asunto tan concluible. ¿Qué lleva al director, guionista o escritor a decidir cortar en un punto? A no contar más de los principales, a no profundizar en los otros personajes. Yo como espectador o lector me puedo quedar con ganas de saber más, pero acepto que me cuenten hasta donde el contador quiera. Lo que me intriga es el momento en que decide "ea, ya he contado lo que quería".


Y si en el caso del cine, la literatura o incluso la música me parece lógico que el creador vea un final, hay disciplinas en las que me siento intrigado hasta no poder más. La poesía moderna, por ejemplo. Una vez superadas las normas métricas y tal, ¿cuándo siente el autor que un verso es el último, que ya ha expresado lo que quería? Hay poemas de los mismos autores que no llegan a los 10 versos y otros que ocupan varias páginas. ¿Qué pasa por su cabeza a medida que escribe para comprender la cantidad de palabras que necesita su idea? ¿Y en la pintura? Los clásicos lo tenían aparentemente más fácil. Pintar con un modelo (una persona o grupo, un bodegón, un paisaje) significa que una vez retratado eso, ya no había más que poner. Aunque habría que preguntarles a ellos, lo mismo les daba igual quebradero de cabeza decidir si el final estaba en esa luz más o menos intensa o en la mirada del retratado, qué sé yo. Pero los modernos...¿dónde sienten el final de una obra? Pollock, por ejemplo, que entraba en trance derramando chorros y goterones (que conste que lo venero)...cuándo decidía que había expresado lo que quería en un cuadro concreto, qué chorro era el último?


Y digo yo, ¿cómo sabe el bloguero que su entrada está completa?

(Y el amante. ¿Como sabe el amante cuando acaba el amor?)