Tenía algo abandonada esta sección, queridos y deslenguados lectores. Y son cientos y cientos las cartas que se han recibido en la redacción pidiendo una nueva entrega que os ilustre y os adentre en las peculiaridades de nuestro habla. Y como nada me hace más feliz que haceros felices a los que me hacéis feliz con vuestro deseo (de aprender), pues vamos al turrón, y mira qué bien traida esta frase para las fechas tan entrañables que se acercan, con sus luces (¿he dicho ya que Málaga parece Las Vegas?), sus borracheras cenas de empresa, sus zambombas y sus matasuegras...
La expresión "un mojón" no estoy muy seguro de que sea exclusiva de esta zona, pero, por si alguien no la usa o no la conoce, tiene una explicación muy simple:
mojón1.
Quedémonos con la cuarta acepción, y ya os podéis imaginar de qué se trata el asunto. Cuando algo no te gusta, te parece malo, pesado o aburrido, diremos que nos encontramos ante "un mojón", que se puede adornar con toda la palabreria que se desee en cuanto a comparaciones, proporciones, etc. Así, diríase que este desprestigioso blog es un mojón del tamaño de Wisconsin (o Villarrefajos, si prefieren ustedes hacer patria). Un añadido muy bonito es el adjetivo "garrapiñado", que como sabréis es como quedan las almendras bañadas en caramelo que forman pegotones y protuberancias. Creo que os podréis figurar qué aspecto debe tener un mojón garrapiñado. Discúlpenme aquellos que se hallan en pleno desayuno o similar por la escatología intrínseca.
El otro día fui a ver "Chloe", de uno de mis directores favoritos, el armenio-canadiense Atom Egoyan, creador de algunas de las mejores películas de estas dos últimas décadas (The Adjuster, Exotica, El Dulce Porvenir, El Viaje de Felicia, Ararat...).
Buen reparto, dirección como siempre envolvente y turbadora, fotografía fabulosa, banda sonora excelente... y un guión pésimo. Pero pésimo. Es un remake de "Nathalie X", película francesa bastante reciente que no pude ver en su momento, y se nota que es un encargo. Se salva algo la primera mitad, la presentación de los personajes y el pie del argumento, con el tono de dilema moral algo retorcido tan propio de Egoyan. Pero a medida que transcurre la historia se va transformando en un thriller lleno de lugares comunes, y de los malos.
Hablando con mi amigo Cuchifriti, le dije, todo yo poético y retórico, que me hallaba presa del mayor desconsuelo por ver cómo un excelente director había guardado el alma en algún cofre oculto en su trastero, y que temía que no la volviera a encontrar en su próximo proyecto, que le concedería el beneficio de la duda, que casi todos los genios tienen algún tropiezo, que blah blah blah, y cuando me harté de la retórica, no tuve más remedio que decir: Es que "Chloe" es un mojón. Un mojón garrapiñao.
Hasta el próximo acervo, amiguitos. Os dejo con la dulce actriz y directora Sarah Polley cantando el tema principal de la que es sin duda la mejor película de Atom Egoyan, "El dulce porvenir".
(Se advierte a los lectores que ningún mojón ha sufrido daño alguno en la redacción de este post)