Que tenía dos carreras y un trabajo bien remunerado en situación de pausa sabática como replanteamiento de objetivos. Que provenía de familia distinguida en la que el esfuerzo y la sencillez eran norma. Que había conocido mundo y vivido experiencias, asistido a fiestas y trabajado como voluntario en comedores sociales. Que hubiera maquillado y hasta inventado algunos datos de mi biografía no pareció importarte demasiado. Valoraste mi ingenio y mis ganas de medrar.Y me seguiste queriendo.
Que adoraba la ópera y entendía de vinos. Que las cocinas más exóticas encontraban acomodo en el paladar. Que había leido libros, visto películas, demostrado el don de la palabra en intensos debates con destacados tertulianos. Que tuviera un cerebro creativo y un espíritu inquieto siempre en busca del talento, de la belleza, de la sabiduría. Que hubiera revestido una mente simple con ropajes deslumbrantes hilvanados con tópicos extraidos de suplementos dominicales o programas de medio pelo y altas ínfulas, no hizo más que arrancarte una sonrisa como quien ríe las travesuras de un adolescente que se cuela en una fiesta de mayores con un carnet falso. Valoraste mi osadía. Y me seguiste queriendo.
Que no necesitara nada más. Que el círculo se hubiera completado con la mitad que faltaba. Que los encuentros fueran románticos y la carne desfogara su ardor apoteósicamente, con el brillo en la mirada de quien nunca se ha sentido tan feliz, tan dueño, tan pertenecido. Que descubrieras que todo eso era también una mentira y que en paralelo había visitado otros cuerpos, saboreado otros labios y gozado otras pasiones, te fulminó como un rayo hecho de traición y desesperanza. No quedaba nada que valorar. Y mientras me marchaba con mi mochila llena de exquisitos retales deshilvanados, por muy extraño que parezca, me quisiste más que nunca.
"...However confused / Pretending to know to the end..."