Y tienes el valor de decirme que nunca te ha importado. A oscuras, te mueves a hurtadillas por entre los pliegues de mi consciencia marcando el territorio antes de abandonarlo a su suerte, arramblando con los objetos de valor que caben en tu saca sin fondo, y tan solo dejas la quincalla que tanto brilla y tan poca utilidad tiene. Esparces palabras como un matarratas por los rincones, un adulterante suave, de efecto lento y permanente, que no acabará conmigo porque soy más grande que una rata, pero me envenenará porque soy más pequeño que una certeza. Manipulas los archivos de memoria cambiando signos de puntuación, tachando toscamente pequeños detalles que acaban por distorsionar el conjunto, cambiando los fondos de las imágenes para que confunda los escenarios y no sepa si me besaste en Berlín o en Londres, si te abracé en Toledo o en Oslo. Si me engañaste en Roma o lo hice yo en Granada. Y te marchas y enciendo la luz, cierro las ventanas para que no escape tu olor, y trato de hacer inventario por si hay alguna compañía de seguros que me indemnice por la sustracción de una vida, mientras intento que la quincalla no me deslumbre, mientras reordeno unos recuerdos que ahora no entiendo, mientras tu olor se va escapando por los pliegues de mi consciencia.
"...I turn around to see you. And if I do or not, it all depends..."
Una vez más. Sentado, codos apoyados en las rodillas y las palmas de las manos en las sienes de una cabeza que permanece gacha y con ojos entreabiertos que miran sin ver. Podría parecer la viva imagen de la desesperación, pero quizá no es más que una costumbre. Una vez más. Las manos como concentradoras de preguntas, protectoras de la palabra, muros de contención de recuerdos y sueños, muchos ya definitivamente huidos por entre las grietas. Tal vez otros puedan permanecer, con suerte evolucionar. Los dedos mesan con monotonía el cabello, como acariciando ideas que revolotean confundidas dentro de esa cabeza redonda, esa cabeza pequeña y a oscuras que contiene un Universo a medio crear. Y sin embargo. Espero ese latigazo, esa chispa que ilumine a las revoloteadoras, y se reconozcan, y se relacionen, y jueguen, y bailen, y luchen. Y en el fragor de la victoria, ordenen a los codos que se desclaven de las rodillas, a las manos que liberen la cabeza, al cuerpo que se yerga y se vista de certeza, y de una vez por todas, con tranquilidad, con decisión, me haga ir hacia tí para decirte que...
Los dedos siguen acariciando las ideas. Una vez más.
(Interior. Mañana. 3 de Mayo de 2010. Consulta del desprestigioso galeno Oliver Ordet -en adelante, O. Ordet-, emocrino, naturopráctico, quirolaringólogo y unas cuantas especialidades alternativas más de fama desuniversal. En un cómodo sillón frente a él, Teodoro, con aspecto algo desesperado)
-O. Ordet: Bueno, cuénteme... y trate de ser lo más preciso posible.
- Teodoro: Como le dije por teléfono, tengo un blog.... (le cuenta en pocas pero precisas palabras el asunto, que todos conocemos a estas alturas). Es por eso que el Dr. Oteo me recomendó encarecidamente que le visitara.
- O. Ordet: Pero me acaba de decir que anoche reanudó su actividad bloguera. ¿Cuál es el problema, pues?
- Teodoro: Sí, anoche volví a postear. Pensaba hacer una pequeña entrada agradeciendo el interés y las muestras de cariño y "disculpándome" por la espantada. Pero no pude. No salía nada. Solo conseguí titularlo "Gracias", y acompañarlo con una canción de las Lennon Sisters.
- O. Ordet: Hombre, Las Lennon Sisters, qué divinas...
- Teodoro (pensando): (Huyyy, aquí hay tomate. Esto se lo tengo que contar a Zío...)
- O. Ordet (pensando): (A ver si se va ya la pesada esta que tengo que ver el capítulo nuevo de "Mujeres Desesperadas", que está interesantísimo)
- Teodoro: Sí, ideales, pero el caso es que fuí incapaz de escribir, como le digo. Después de la sesión con Oteo, me sentí seguro y con fuerza. Pero una vez ante la pantalla...nada.
- O. Ordet: Me ha dicho que tiene redactores. ¿Por qué no les encargó la tarea?
- Teodoro: Quiero hacerlo por mí mismo. Necesito demostrarme que puedo.
- O. Ordet: Pero si es un bloqueo, poco puedo hacer por usted que no haya hecho su psicoanalista.
- Teodoro: Verá, es que...creo que es algo físico. Durante días he tenido la sensación de que mi cabeza no paraba de dar vueltas, de que las ideas se embarullaban y no salía nada con sentido. Pero anoche noté que verdaderamente había algo dándome vueltas en la cabeza. Algo real.
- O. Ordet: Explíquese.
- Teodoro: Creo que se me ha metido algo dentro. Un bicho, algún insecto...Noto que algo se mueve, se mueve de verdad.
- O. Ordet (cogiendo un otoscopio para explorar): Seguramente es la misma ansiedad la que le provoca esa sensación, ya lo verá. Pero le echaré un vistazo para que se quede tranquilo y se convenza de q...(se levanta de la silla de un salto) ¡¡¡CIELO SANTO!!!
- Teodoro (alarmado) ¿Qué pasa, dígame, qué ha visto?
- O. Ordet: Hay algo ahí dentro, algo que se mueve. Pero no se preocupe, lo sacaremos. (Inyecta un poco de agua oxigenada) Incline la cabeza. Mire, ya sale. Ha asomado algo pero se resiste (coge unas pinzas y tira suavemente del cuerpo extraño) ¿Le duele esto?
-Teodoro (revolviéndose en la silla): ¡Aaahhh! Más que doloroso es....muy desagradable...
- O. Ordet (sigue tirando y por fín extrae del oido de Teodoro la palabra ATASCO, que tira a un recipiente donde se va desletrando poco a poco): Mírelo (sonrie) Aquí está el causante. ¿No se siente mejor?
- Teodoro(se lleva las manos a la cabeza, visiblemente trastornado): Aquí hay algo más, lo noto. (vuelve a inclinar la cabeza y empieza a brotar un chorro espeso, negruzco y con olor a estancado. Palabras antiguas y gastadas, verbos erróneos, adjetivos dañinos, frases hechas alimentadas de prejuicio...todas van cayendo en cascada ante la mirada atónita del doctor. Por fín el chorro cesa)
- O. Ordet: En mi vida había visto nada parecido. Mire, mire, aquí las tiene todas. DOLOR, COBARDE, TRAMPA, CERRAR, MENTIRA, INSULTAR, PEQUEÑO, GAZPACHO....gazpacho? ¿Qué tiene de malo el gazpacho?
- Teodoro: Una vez preparé uno y me salío muy mal...
- O. Ordet: CELOS, INÚTIL, ENVIDIA, ALASKA, ESPEJO, DESASTRE, ...algunas no están estropeadas del todo, si quiere puede lavarlas y llevárselas.
- Teodoro: No, creo que no. De repente me siento ligero, despejado, ....
- O. Ordet: ¿....liberado?
- Teodoro: Exacto. Liberado. Creo que por fín estoy curado.
- O. Ordet: Venga dentro de un mes para una revisión, estas cosas hay que vigilarlas. Y escuche, escuche tanto como pueda, renueve sus ideas con lo que otros le aporten. No deje que sus vías se vuelvan a...
- Teodoro: A atascar.
- O. Ordet (Asiente con la cabeza, lo acompaña a la puerta y le da un apretón de manos): Ya sabe dónde me tiene. Ahora vaya a escribir. Narre su proceso y téngalo siempre a la vista por si hay una recaida. Cuídese.
-Teodoro: Gracias, doctor. Así lo haré. Usted tenía un blog también, creo. Dígame cuál es y me haré seguidor.
- O. Ordet: Vicetipleyamigasss.blogspot.com. No tiene que ver con esto, es de mis...mis aficiones (sonríe cómpliceMente)
- Teodoro: Ya entiendo. Hasta la próxima. (Se marcha, pensando que su re-portera Zió haría muy buenas migas con el doctor)
(O. Ordet cierra la puerta con un suspiro de alivio, se sienta y comunica por el interfono a su secretaria que puede marcharse. Por fín, a solas en la consulta, comienza a ver el capítulo de "Mujeres Desesperadas", sin darse cuenta de que la masa palabriturbia ha ido reptando sinuosa hasta colocarse junto a su oido...)
"...Help me to say what has to be heard / I need your help to utter my words..."
Me quedé con los párrafos recién completados, esperando revisar los signos de puntuación. Fue palpable tu desacuerdo con los adjetivos, tu recelo con los verbos, incluso algunos pronombres te hicieron fruncir el ceño. No te impresionaron los silencios tan bien administrados ni mostraste interés por conocer las sorpresas colocadas estratégicamente entre líneas, pequeños tesoros que había ido sacando de la Cueva en la que No Permito que Nadie Entre y que quise ofrecer como cojines sobre una confortable cama vestida de limpio. Esa cama cuyas sábanas alguna vez habían tenido problemas de exceso o falta de suavizante , o con la calidad del colchón, que pudo ser demasiado duro, e impedir tu descanso, o blando, y hundirse con tu peso sin permitir amoldarte. O antiguo, y clavarte sin piedad sus muelles deformados en recuerdo de tantos cuerpos que antes lo habían usado.
Me quedé con una historia sin título. Innombrada, incomprendida e inútil. Una historia escrita para dos, de párrafos extendidos en un lecho en el que me dispuse a dormir un solitario sueño sin mañana, arropado por un pudo ser y usando como almohada un quizás.
"...Play around with the truth constructed in your mind..."