Cuando se estrenó "π" en 1998, se convirtió en eso que llaman "clásico de culto instantáneo". Una historia de matemáticas, Torah y conspiranoia en un violento blanco y negro, pocos medios y mucha inspiración, que fue el debut en la dirección de Darren Aronofsky. Como amante de la música electrónica, la banda sonora me pareció un dulce: Aphex Twin, Orbital, Autechre, Roni Size, y un tema principal brillante, drum'n'bass turbio e hipnótico compuesto por otro presunto debutante, Clint Mansell. Ese nombre me sonaba de algo, pero no lo ubicaba. Tal vez fuera algún productor de ese tipo de música que a veces funciona como jungla de grupos efímeros y formaciones mutantes. En cualquier caso, era lo primero que componía para cine, dos breves piezas que reflejaban perfectamente el caos y la paranoia del argumento. Tremendas.
Dos años después, Aronofsky presentó "Requiem Por Un Sueño", película que como todas las de su filmografía cuenta con tantos amantes como detractores. Yo estoy entre los primeros. Más presupuesto, actores de renombre, y la confirmación de un estilo efectista (en el mejor sentido según unos, en el peor según otros) en el que el montaje, el sonido o las músicas juegan un papel tan importante como el guión o los actores. Volvía a aparecer Clint Mansell a cargo de la banda sonora, y esta vez era una partitura en la que los instrumentos de cuerda, a cargo del prestigioso Kronos Quartet, describían el desasosiego y la angustia, con una música bella hasta el dolor, cuyo tema principal ha sido utilizado docenas de veces en anuncios, videojuegos, montajes, y hasta en trailers de otras películas. Seguro que muchos creéis que este tema tan famoso pertenece a "El Señor de los Anillos". Pues no.
No recuerdo en qué momento me enteré de algo que me dejó pasmado y con una sonrisa de oreja a oreja. Clint Mansell no era otro que el líder de uno de mis grupos favoritos, disueltos a mediados de los 90, Pop Will Eat Itself. Creadores de lo que ellos mismos llamaron grebo, una suerte de rock/hip-hop/industrial muy gamberro y de estética llamativa y fabulosamente hortera que estuvieron en activo desde 1985 hasta el 96. Sus vídeos eran como para echar a correr de horrorosos, así que mejor dejo el link de una de sus mejores canciones por si alguien tiene curiosidad de ver a ese señor que se parece a Rosendo que canta-recita, y que es el insigne compositor de unas cuantas bandas sonoras imprescindibles en esta última década, fíjate tú.
(aquí ya tiene un aspecto más presentable)
Pues eso, tras la década (bastante exitosa) con el grupo, tuvo la gran idea de dedicarse a la música de cine, y no pudo hacerlo mejor. The Hole, Murder by Numbers, Moon, 11:14, The Rebound, entre otras, y por supuesto las siguientes tres películas de su colega Aronofsky, "La Fuente de la Vida", "El Luchador", y, cómo no, "Cisne Negro".
Si en las dos entradas anteriores hablaba maravillas de las actrices, de la música de Mansell no se puede decir menos. Es una lástima que no haya podido ser seleccionada para el Oscar, porque básicamente es una "reinterpretación" de El Lago de los Cisnes de Tchaikovsky, una tarea difícil y con muchas posibilidades de caer en el ridículo, que él resuelve con maestría, usando fragmentos y retales y adaptándolos al desarrollo de esta turbadora historia. Ya ha compuesto para otros directores, así que su talento queda demostrado. Lo que no parece tan claro es si Aronofsky podría hacer una película prescindiendo de Mansell, que hasta ahora ha engrandecido todos sus trabajos. Pero en el cine estamos acostumbrados a presenciar separaciones de sólidas parejas artísticas. Ojalá que en este caso eso tarde lo más posible.











