viernes, agosto 06, 2010

Pequeños Placeres Inmensos

El señor que vive dentro de mi mp4 (de marca "La bellota", baratuno y básico como él solo y que funciona divinamente) siempre me sorprende. Yo le lleno la despensa con una selección variada compuesta de canciones serias y enjundiosas, discodanzarismos underground de ayer, hoy y siempre, guilty pleasures que arquearían más de una ceja (incluida la mía cuando aparecen sin esperármelo Valerie Dore o Den Harrow, por ejemplo), y algunas exquisiteces clásicas, cinematográficas o experimentales, y él me alimenta el espíritu con menús igualmente variados y sorprendentes. A veces se pone juguetón y hace repetir una misma canción cada poco tiempo, es verdad, pero por lo general suele acertar.

Hoy hacía una noche espléndida. Húmeda, como es habitual en esta tierra, pero nada calurosa. Eran las 00.35 y salía de ver una estupenda película, "Io sono l'amore", algo pasada de rosca en el tramo final, pero en conjunto más que recomendable. Pensaba en la belleza extraña y algo "espantá" de la grandísima Tilda Swinton y pulsé el botón que pide al señor mp4 su ración de alimento espiritual. Podía haber escogido cualquier cosa, pero tuvo el acierto de entregarme un plato que sabía a magia e intimidad. Pasear por la ciudad anochecida y tenuemente iluminada, en un jueves que parecía martes, sin apenas gente en calles que momentos antes debían estar en ebullición de terrazas y tapeos y ahora contemplaban con compasión a los encargados de desmontar los tenderetes. Caminar sin prisa envuelto en la música, sorteando algunos grupos que se dirigían de la tapa a la copa, lobos y lobas de perfumes intensos y atuendos escogidos para entrar a matar. O a morir. Mi pequeño bandasonorizador conoce mi ritmo y sabe que diez minutos es lo que necesito para atravesar ese tramo de centro y bares, de catedral y callejas, hasta entrar en la dimensión bien conocida de mi territorio, en el que me ofreció un segundo plato algo más ligero, pero ya no lo recuerdo. Porque los diez minutos con Ed Alleyne Johnson me dejaron en un ensueño de paseo nocturno, de placer andariego, de tranquilidad en el pensamiento y ganas de contarlo en una entrada posiblemente poco sustanciosa como ha sido esta, porque es  muy difícil plasmar un pequeño placer. Un pequeño placer inmenso.

jueves, agosto 05, 2010

La Canción Del Verano: Boy



 Llevaba tiempo con ganas de hacer una entrada sobre Book Of Love, porque es uno de mis grupos favoritos de siempre y además hace unos meses reeditaron su corta pero intensa discografía en ediciones remasterizadas de presentación bastante mejorable pero contenido verdaderamente glorioso. Menos mal que, como buen friki coleccionista, ya tenía las anteriores ediciones en vinilo y cd, que al menos físicamente son más bonicas de ver. Tan solo editaron cuatro álbumes entre 1985 y 1993, y nunca tuvieron gran repercusión a pesar de compartir sello y giras con Depeche Mode y Erasure, entre otras estrellas y estrellonas, aunque gozaron de un interesante status de culto y fueron favoritos en los clubs con su pop sintetizado, elegante e ingenuo. Llegaron a atreverse con un cover del celebérrimo Tubular Bells de Mike Oldfield que les quedó la mar de aparente, hablaron del sida cuando nadie lo hacía, y muchos temas suyos aparecieron en películas o series de la época y posteriores (Queer as Folk, por ejemplo). Lo bueno del internete es que uno se da cuenta de que grupos como este son muy seguidos y recordados, cuando en su día había que remover cielo y tierra para encontrar alguien a quien simplemente les sonara.


Boy fue su primer single, y se instaló en mi cerebro desde la primera escucha. Y ahí sigue, invitándome a bailar cada vez que lo escucho, y a apiadarme de la pobre chica que quiere estar con los chicos, en esos lugares donde no puede acceder porque no es uno de ellos. Sin duda, esta fue una de mis canciones del verano de 1985.

"...I wait outside of the boy's bar / I wait for them to all come out..."

(y por si a alguien le ha gustado la canción, aquí puede escuchar más)

martes, agosto 03, 2010

A Momentary Lapse Of Net


Disculpad, oh desatendidos y descomentados lectores, que llevo unos días que no os digo ni los buenos días, que no os comento con mis jocosas y chispeantes naderías, que ni siquiera os regaño por quitar vuestras maravillosas fotos en Speedo (Freire). Tengo la casa desinternetizada por quién cohone demonios sabe qué problema, y en el trabajo estoy teniendo mucho trabajo, valga la re-booth-nancia. Así que dejad de pensar que me he olvidado de vuestras bellas teclas y/o speedos amigables rostros, y sobre todo dejad de pensar que estoy de vacaciones, que aún no tocan y estoy pringando como el que más, oh impíos. Eso, claro está, si es que alguien ha perdido su valioso tiempo pensando en este vuestro humilde narrador. Que yo si fuera vosotros no lo haría. De hecho, soy yo mismo y no lo hago, normalmente en vez de pensar en mí pienso en los tíos Dolly Parton, que es más interesante.

A ver si se despeja un poco lo laboral y puedo empezar a leeros y comentaros, o vuelvo a casa y por fin la red vuelve a estar de mi lado. Mientras tanto, os mando besos, cariños, amores, quereres, albricias, jolgorios, una nueva lista de Spotify para quien le apetezca y un vídeo que hemos rodado el equipo del blog para presentar en sociedad a nuestras mascotas, con mucho feeling y mucha dulzura. Es que en el mundo de Teodoro puede que no haya red informática, pero nuestro corazón es una hermosa red de sentimiento que se extiende hasta el infinito (y más p'acá) sin cables, tarifas ni restricciones. Qué cursi bonito, ¿verdad?

(para coordinar el baile de 1:55 nos tiramos al coreógrafo casi una semana)