Había sido un camino largo y difícil. Eso de estar siempre en contra del mundo pasaba factura. En su mente existía el Orden Perfecto, pero fuera de ella todo iba en la dirección opuesta. Algunas charlas amigables y varios desengaños (solo una vez acudió a la Química, y esta no supo iluminarle, por más que le sumiera en un oscilante estado de Modorra y Euforia) le llevaron al punto en que asumió que debía desprenderse de Ideas. Esos Prejuicios que siempre había llevado como un traje a medida. Capas y capas de vestimenta atormentada, chaquetas de Rabia, camisas de Soberbia, pantalones de Intolerancia y zapatos de Engaño. Ropa interior de Represión. Todo esto tenía que arder en la hoguera de la Purificación. Y asomarse al mundo sin más aderezos que la piel desnuda de la Sensatez.
Y cuando consiguió desprenderse de todos sus Prejuicios, descubrió que le gustaban Destiny's Child.
