martes, julio 07, 2009

Memorias de un DiscoDancer: "Stop Babe Stop"

Ya he contado alguna vez cómo vuestro querido humilde narrador en su tierna infancia tenía como mayor ilusión ir a una discoteca. Donna Summer era Dios, y John Travolta su profeta. No pude ver en su momento "Saturday Night Fever" porque era "para mayores", pero cada vez que por televisión ponían las secuencias de los bailes los ojos me hacían chiribitas ("se me alegraban las pajarillas", una expresión muy de aquellos tiempos). "Thank God It's Friday" sí pude verla: dos veces arrastré a mi pobre abuela al cine, menudo era yo, y ella horrorizada de ver cómo esa gente se meneaba de ese modo tan loco y obsceno ("eso no es bailar ni es nada") pero sacrificada y contenta por ver a su nieto tan ilusionado. El día que me regalaron el disco de la banda sonora fue lo más parecido a un orgasmo (eso lo he averiguado con el tiempo, en aquel momento supongo que lo definí como "una explosión incomparable de felicidad". Qué cursi era). Pero como es lógico no me estaba permitido el acceso al templo, o sea, a la discoteca. Así que yo pasaba horas en mi cuarto poniendo discos y bailando como un poseso.

En el verano de 1980, con casi 12 años (los niños siempre tienen el año siguiente al real), descubrí que un hotel cercano a donde veraneaba (Torremolinos, para más señas) tenía una discoteca que los domingos empezaba temprano y se podía ir camuflado entre los clientes. El paraiso al alcance de la mano. Ese año eramos 5 primos veraneando en la misma zona y por suerte todos llevábamos un discodancer dentro, así que allá que fuimos y repetimos cada domingo de ese verano. Sunday Evening Fever. No podíamos quedarnos hasta tarde, pero puedo asegurar que las dos o tres horas que estaba allí, no salía de la pista. La felicidad. Adelantándome a la gran Elizabeth Berkley, yo pensaba "Lo mío es el baile". Lipps Inc, Massara, SugarHill Gang, Two Man Sound (ese era el momento despendole, las extranjeras mayores saltando medio borrachas homenajeando inintencionadamente a Ponchielli), y por supuesto, Dios.

Y siempre empezaban con la misma canción: Red de San Luis, "Stop, Babe, Stop". Un cuarteto disco-castizo extremadamente hortera que tuvo un par de discos, un par de momentos de gloria ("Samba Lady", todo un hit), y del que formaba parte el que tiempo después fue Chema, el kioskero de "Barrio Sésamo", fallecido no hace mucho. Esta canción es delirante, dejo la letra porque es un monumento al absurdo ("no hay enrollation conmigo/the provocation with migo" es de lo mejor que se ha cantado en este país) seguramente os parecerá un horror, pero me encantaba entonces y me sigue gustando. Claro, también es que la asocio al momento mágico, ese encenderse las luces de la pista y todos a bailar felices, libres, como pensabamos que vivían los mayores. Qué equivocados estábamos, pero cuánto nos divertíamos.



RED DE SAN LUIS
"STOP BABE STOP"


Para el carro cheli
porque hay barro cheli
uh...
stop babe stop

ojo al parche cheli
que es de plastic cheli
uh...
stop babe stop

no te creas siempre conforme
que otra gente marcha mejor
no seas comecocos que asi vas cargao
por lo menos a mi lao, a mi lao

hey colega cheli
que me alegas cheli
uh...
stop babe stop

no seas plasta cheli
que ties caspa cheli
uh...
stop babe stop

stop babe stop
no hay enrrollation conmigo
stop babe stop
es demasie
stop babe stop
the provocation with migo
stop babe stop x 3

pasa titi! pasa
stop babe stop

viernes, julio 03, 2009

Whispering Your Name

Intentaba hacer una entrada sobre la portentosa Alison Moyet, pero me estaba quedando muy larga y la verdad, no demasiado inspirada, así que la dejo pendiente, porque Teodoro le debe mucho a la Moyet, como a tantos otros músicos, y algún día se hablará en profundidad sobre ella. Ahora me voy a centrar en un single de 1994, "Whispering Your Name", en un momento bajo de su carrera. Es una versión de un cantante de culto, Jules Shear, que la había editado 10 años antes sin éxito alguno, muy "new wave", estilo Devo o Buggles (o mis queridos e injustamente olvidados Oingo Boingo). La versión original de Moyet, incluida en el arriesgado álbum "Essex", era acústica, solo guitarra, voz y discretos arreglos de cuerda, dando un tono dramático a la canción, cuya letra no tiene desperdicio: Una pareja rompe, ella se refugia en un amigo común y acaban juntos, pero no deja de susurrar el nombre del ex, y el "nuevo" cuenta todo esto preguntándose si es sólo la fuerza de la costumbre o le está usando para darle celos, si realmente le quiere y si podrá darle lo que el otro no le dió, o tal vez ella sólo anda haciendo tiempo para volver con él. El amor y sus cosas, ya véis.

En vista de las malas ventas de "Essex", su discográfica decidió remezclar el tema para editarlo como single, con una producción exuberante y épica, muy petshopboyesca (tiene un aire al "Losing My Mind" que le hicieron los PSB a la gran Liza Minnelli), no fue el hit que esperaban pero funcionó algo en listas, y el vídeo, que cuenta con la participación de una de las actrices cómicas más queridas en UK, Dawn French, es divertidísimo, con todo lo amarga que es la letra y lo mal que se lo hacen pasar a la pobre Alison.

miércoles, julio 01, 2009

B de Batalla

Los días se me hacen eternos, nada de lo que hago me llena, el trabajo es un infierno, no siento deseos de salir, de hablar. A duras penas consigo comer, los amigos me estorban por mucho que traten de ayudarme. Sé que su preocupación y su apoyo son sinceros, pero no consiguen más que mi indiferencia. Algún día espero ser capaz de agradecerles su entrega, ahora no quiero más que estar solo, que me dejen en paz. Y las noches. Las noches son interminables, apenas consigo pegar ojo y cuando lo hago, me veo envuelto en pesadillas aterradoras que me despiertan bañado en sudor y angustia. Solo hace dos semanas que me dejaste, y mi vida está patas arriba.


No.


Cada vez que me miraba, sentía un escalofrío recorriéndome la espalda. Misma parada, distintos buses. Por más que jugaba con el tiempo, llegando un día muy temprano, otro mucho más tarde, no conseguía coincidir con ella más de cinco minutos. Por alguna extraña ley de la naturaleza, había una sincronización en nuestros tiempos que no permitían más que un saludo, una breve conversación metereológica y dos o tres trivialidades más, al momento llegaba uno de los buses y nos despedíamos cordialmente hasta el día siguiente. Yo estaba cada vez más y más loco por ella, temía que se me notara y procuraba no mirarla a los ojos, pero inevitablemente en algún momento nuestras miradas coincidían y llegaba ese escalofrío. Era tan educada, tan joven, tan llena de frescura. Y yo, un triste profesor de Historia a punto de jubilarse.


Tampoco. Seleccionar todo. Eliminar.


Estaba harto de tópicos, de amores apasionados, de corazones rotos, de cruceros felices y crímenes truculentos planeados con el ingenio de una sopa de letras. Lo que él quería era hablar de política, de teorías de la conspiración y planes secretos de gobiernos corruptos, pero eso estaba en manos de unos pocos que acaparaban la atención, las columnas en diarios y el interés de los editores. Y él tenía que vivir de contar manidas historias de amor y crímen para un exitosa revista. No podía quejarse de su sueldo, estaba muy bien pagado, pero la sensación de fracaso le perseguía día y noche. Trataba de ahuyentarla escribiendo en sus ratos libres lo que él llamaba "MOM", Mi Obra Magna, el libro que abriría los ojos y las mentes del mundo y le traería la fama y el reconocimiento. Por fín podría dejar de usar aquél seudónimo tan ridículo. El mundo entero le respetaría.

Pero mientras tanto.