Ya he contado alguna vez cómo vuestro querido humilde narrador en su tierna infancia tenía como mayor ilusión ir a una discoteca. Donna Summer era Dios, y John Travolta su profeta. No pude ver en su momento "Saturday Night Fever" porque era "para mayores", pero cada vez que por televisión ponían las secuencias de los bailes los ojos me hacían chiribitas ("se me alegraban las pajarillas", una expresión muy de aquellos tiempos). "Thank God It's Friday" sí pude verla: dos veces arrastré a mi pobre abuela al cine, menudo era yo, y ella horrorizada de ver cómo esa gente se meneaba de ese modo tan loco y obsceno ("eso no es bailar ni es nada") pero sacrificada y contenta por ver a su nieto tan ilusionado. El día que me regalaron el disco de la banda sonora fue lo más parecido a un orgasmo (eso lo he averiguado con el tiempo, en aquel momento supongo que lo definí como "una explosión incomparable de felicidad". Qué cursi era). Pero como es lógico no me estaba permitido el acceso al templo, o sea, a la discoteca. Así que yo pasaba horas en mi cuarto poniendo discos y bailando como un poseso.
En el verano de 1980, con casi 12 años (los niños siempre tienen el año siguiente al real), descubrí que un hotel cercano a donde veraneaba (Torremolinos, para más señas) tenía una discoteca que los domingos empezaba temprano y se podía ir camuflado entre los clientes. El paraiso al alcance de la mano. Ese año eramos 5 primos veraneando en la misma zona y por suerte todos llevábamos un discodancer dentro, así que allá que fuimos y repetimos cada domingo de ese verano. Sunday Evening Fever. No podíamos quedarnos hasta tarde, pero puedo asegurar que las dos o tres horas que estaba allí, no salía de la pista. La felicidad. Adelantándome a la gran Elizabeth Berkley, yo pensaba "Lo mío es el baile". Lipps Inc, Massara, SugarHill Gang, Two Man Sound (ese era el momento despendole, las extranjeras mayores saltando medio borrachas homenajeando inintencionadamente a Ponchielli), y por supuesto, Dios.
Y siempre empezaban con la misma canción: Red de San Luis, "Stop, Babe, Stop". Un cuarteto disco-castizo extremadamente hortera que tuvo un par de discos, un par de momentos de gloria ("Samba Lady", todo un hit), y del que formaba parte el que tiempo después fue Chema, el kioskero de "Barrio Sésamo", fallecido no hace mucho. Esta canción es delirante, dejo la letra porque es un monumento al absurdo ("no hay enrollation conmigo/the provocation with migo" es de lo mejor que se ha cantado en este país) seguramente os parecerá un horror, pero me encantaba entonces y me sigue gustando. Claro, también es que la asocio al momento mágico, ese encenderse las luces de la pista y todos a bailar felices, libres, como pensabamos que vivían los mayores. Qué equivocados estábamos, pero cuánto nos divertíamos.
En el verano de 1980, con casi 12 años (los niños siempre tienen el año siguiente al real), descubrí que un hotel cercano a donde veraneaba (Torremolinos, para más señas) tenía una discoteca que los domingos empezaba temprano y se podía ir camuflado entre los clientes. El paraiso al alcance de la mano. Ese año eramos 5 primos veraneando en la misma zona y por suerte todos llevábamos un discodancer dentro, así que allá que fuimos y repetimos cada domingo de ese verano. Sunday Evening Fever. No podíamos quedarnos hasta tarde, pero puedo asegurar que las dos o tres horas que estaba allí, no salía de la pista. La felicidad. Adelantándome a la gran Elizabeth Berkley, yo pensaba "Lo mío es el baile". Lipps Inc, Massara, SugarHill Gang, Two Man Sound (ese era el momento despendole, las extranjeras mayores saltando medio borrachas homenajeando inintencionadamente a Ponchielli), y por supuesto, Dios.
Y siempre empezaban con la misma canción: Red de San Luis, "Stop, Babe, Stop". Un cuarteto disco-castizo extremadamente hortera que tuvo un par de discos, un par de momentos de gloria ("Samba Lady", todo un hit), y del que formaba parte el que tiempo después fue Chema, el kioskero de "Barrio Sésamo", fallecido no hace mucho. Esta canción es delirante, dejo la letra porque es un monumento al absurdo ("no hay enrollation conmigo/the provocation with migo" es de lo mejor que se ha cantado en este país) seguramente os parecerá un horror, pero me encantaba entonces y me sigue gustando. Claro, también es que la asocio al momento mágico, ese encenderse las luces de la pista y todos a bailar felices, libres, como pensabamos que vivían los mayores. Qué equivocados estábamos, pero cuánto nos divertíamos.
RED DE SAN LUIS
"STOP BABE STOP"
Para el carro cheli
porque hay barro cheli
uh...
stop babe stop
ojo al parche cheli
que es de plastic cheli
uh...
stop babe stop
no te creas siempre conforme
que otra gente marcha mejor
no seas comecocos que asi vas cargao
por lo menos a mi lao, a mi lao
hey colega cheli
que me alegas cheli
uh...
stop babe stop
no seas plasta cheli
que ties caspa cheli
uh...
stop babe stop
stop babe stop
no hay enrrollation conmigo
stop babe stop
es demasie
stop babe stop
the provocation with migo
stop babe stop x 3
pasa titi! pasa
stop babe stop