(dedicado a Z. aunque aún no nos hayamos conocido)
No se imaginaba que momentos después estaría volando hacia un destino incierto.
Lo miraba ansioso, tratando de dominar los nervios que apretaban la boca del estómago y dilataban las aletas de la nariz. Por suerte no era de sudar mucho, si no, en momentos como ese ofrecería una imagen lamentable. Pero no, él, impecablemente vestido, tal vez un poco demasiado serio para la ocasión, trataba con todas sus fuerzas de dominar aquel estado, la excitación creciente. Y allí lo tenía, frente a sí, la criatura más hermosa y más sensual. Todo en ese chico era una invitación al placer. Había soñado esa piel suave y tostada, ese cuerpo bien formado que se le acercaba insinuante, casi desnudo, moviéndose lascivo al ritmo de aquella música no demasiado bien escogida (él habría preferido algo más delicado). Cuando se colocó con su cuerpo tan pegado que apenas corría el aire entre ellos, la música ya era algo a lo que no prestaba atención. Ojos grandes, pícaros, labios carnosos que emitían susurros llenos de erotismo. El, paralizado, percibía su olor, un perfume de intensa delicadeza que le hacía estremecer. Lo notaba, frotándose contra su cuerpo, acercando los labios a los suyos apenas rozándolos, haciéndole sentarse mientras de pie continuaba, ya completamente desnudo, acercando y alejando sus zonas más deseadas, haciéndole sentir al borde del colapso por tanta excitación, inmóvil, fascinado, toda la fueza de su deseo concentrándose en un punto.
Sin estar muy seguro de lo que estaba haciendo, acercó una mano hacia su muslo desnudo, y la posó firmemente en aquella piel deliciosa. El chico sonrió de manera enigmática, en sus ojos la lascivia se había tornado reproche. Él sintió que una extraña fuerza le hacía levitar y le alejaba de su deseado efebo, en el que la mirada de reproche ahora parecía de compasión. Lo vió esplendorosamente desnudo una última vez mientras sentía que todo daba vueltas y rostros que antes parecían congelados cobraban vida y movimiento, algunos lo miraban curiosos, otros le daban la espalda, indiferentes, todos juntos girando en un bucle de burla y derrota.
Voló una distancia corta que le pareció transoceánica, aterrizando en el frío suelo de la calle, sin que la vergüenza pudiera amortiguar el golpe ni el sonido de los humillantes insultos que le dirigían el portero y los vigilantes. Había olvidado la regla principal: no se puede tocar a los strippers cuando te hacen un baile privado.
Zoótropo, del griego zoe (vida) y trope (girar), también denominado zoetrope o daedelum, máquina estroboscópica creada en 1834 por William George Horner, compuesta por un tambor circular con unos cortes, a través de los cuales mira el espectador para que los dibujos dispuestos en tiras sobre el tambor, al girar, aparezcan en movimiento.
Zoótropo, del griego zoe (vida) y trope (girar), también denominado zoetrope o daedelum, máquina estroboscópica creada en 1834 por William George Horner, compuesta por un tambor circular con unos cortes, a través de los cuales mira el espectador para que los dibujos dispuestos en tiras sobre el tambor, al girar, aparezcan en movimiento.


