martes, noviembre 07, 2006

Muerte de un Bajante


Y yo hablando de nubes. Qué barbaridad lo que ha llovido desde anoche. Ahora ha parado un poco, pero cuentan que lo peor está al llegar (me encanta ese tono catastrofista tan de telediario, aunque como sea cierto creo que no me va a encantar tanto). Y yo cruzando hasta los dedos de los pies, porque lo de las velas a santos no es lo mío, para que no nos den problemas los bajantes y desagües del edificio donde trabajo, no sería la primera vez que se atascan con tanto volumen de agua y nos mandan un "regalito".

Suena "Melody Mountain", de Susanna and the Magical Orchestra (Rune Grammofon, 2006)

sábado, noviembre 04, 2006

La nube que había olvidado llover


Si, esta nube pensaba que había olvidado cómo llover. Hace tiempo, mucho tiempo, cuando acababa de salir a surcar el espacio, conseguía no sin algo de dificultad repartir algo de lluvia. Se juntaba con otras nubes a las que veía hacer llover (aparentemente) sin ningún problema, pero ella no lo conseguía salvo en muy contadas ocasiones. Quería llegar a ser un cumulonimbo como la mayoría de sus compañeras, pero no pasaba de ser un estrato grisáceo que solia dispersarse con bastante frecuencia.
Por su camino pasaron nubes de muy diversa procedencia. Algunas veces compartió parte de su viaje con algunas de ellas, y poco a poco fue consiguiendo llover, casi siempre de manera irregular, estaba tan poco acostumbrado que la tensión de estar pendiente de su propia lluvia le impedia dejarla salir con fluidez. Pero mal que bien, llegó a tener confianza y pudo llevar algo de prosperidad a algunas tierras.

Lo malo del asunto es que la nube nunca acabó de creerse que era capaz de hacerlo, y no paró de dudar y temer y rechazar a cuantas nubes se le cruzaban hasta que se encontró sola, perdida y fue olvidando de nuevo como provocar la lluvia. En soledad habitualmente no le era dificil, pero eso no la aliviaba, más bien la hacía alimentarse cada vez más de su propia humedad enferma y nada nutritiva. Ni siquiera algún que otro hechicero al que recurrió lograron resultados. Por fuera era simplemente una nube como otra cualquiera. Por dentro se veía a si misma distinta y distante, incapaz de llover, incapaz de volver a dar prosperidad jamás.

Pero hete aquí que otra nube se cruzó en su camino. Una nube juguetona, traviesa, frágil, sabia, amable, que se puso a su lado y le habló, y le miró, y le contó de ciudades blancas y playas rocosas, y Estrato decidió caminar junto a ella, a pesar de que seguía desconfiando de su capacidad para llover. Y desconfiaba, y desconfiaba, y Cúmulo desesperaba. Varias veces estuvieron tentadas de abandonar, cada una por su cuenta, sin atreverse a decirlo, caminando en paralelo por sitios agradables que no acababan de disfrutar. Ese camino se prolongó demasiado.

Y de pronto, cuando todo parecía perdido, Estrato llegó al mar. Tuvo la tentación de dejarse caer, fundirse con el agua salada; ya que no podía hacer lluvia, que el agua la envolviera, la disolviera. Se extendió cuan larga era, y en el momento de lanzarse en picado reparó en algo: una nube la miraba fijamente desde la profundidad del mar. Su cara le era conocida. Una nube normal, como otra cualquiera, digna de llover y de llevar prosperidad como todas las demas. Y extrañamente extendida. Hermosa en su aspecto triste. Probó a sonreirle, y le devolvió la sonrisa. A guiñarle, y le guiñó a la vez. Estrato recuperó su forma, y lanzandole un beso a su propio reflejo, corrió tan deprisa como pudo antes de que Cúmulo desapareciera de su vista.

Hizo falta un poco de tiempo para acostumbrarse. Pero por fin un dia (y como suelen pasar estas cosas, cuando menos se esperaba) llovió. Estrato estalló en una sonora e interminable carcajada de sorpresa, de felicidad. Y desde entonces, llueve con frecuencia. Y la tierra a sus pies es más próspera, más verde, más firme.

Debería estar escuchando "Little Fluffy Clouds" de The Orb, pero hoy le toca a "Separated Ways", de Teddy Thompson (Verve, 2005)

viernes, noviembre 03, 2006

Pendiente del Dependiente Independiente (Revele su Rollo)

Vienen y me cuentan cosas. Me preguntan, se interesan, me hacen confidencias, se desnudan (sólo metafóricamente, por suerte unas veces y por desgracia otras). A veces he querido ser simplemente un cajero que se limita a cobrar la mercancía y no establece ningún tipo de vínculo con su clientela. En otros momentos de mi vida me he quejado por sentirme expuesto y no tener opción de escoger a la gente que quiero ver, quedar con quien yo decida para tomar un café y charlar. Pero siempre estoy ahí, siempre a la vista, siempre disponible, no me queda otro remedio por el tipo de trabajo que tengo. Y con el tiempo he comprendido que todas esas visitas que vienen a algo más que comprar son un regalo. Incluso a veces cuando estoy muy ocupado y apenas puedo dedicarles unas frases, es grato saber que vienen y me cuentan cosas. Alguna vez he puesto mala cara, he dicho algo en mal tono, alguna vez he herido a alguien, me he sentido harto de ese papel. Cada vez soy más capaz de respirar hondo, relajarme, y comprender que es una suerte que entre muchos otros sitios donde pueden gastar su dinero me hayan escogido a mi. Y no por los beneficios economicos que eso conlleve, sino porque de algún modo imagino que se sienten a gusto. Pueden quedarse un rato, echar unas risas, hablar de aficiones, de amores, de dolores. Y me gusta escucharlos, aprender de ellos, y aprecio sus visitas, aunque no tenga tiempo o esté en varias cosas a la vez. Y salvo muy contados casos, nunca he tenido contacto con ellos fuera del trabajo. Incluso a algunos me los he encontrado en la calle y la cosa no ha pasado de un saludo y una breve conversación.

Aunque suene un poco raro, siempre he pensado que mi trabajo, por muchos motivos, consiste en hacer feliz a la gente.

My life is music: "I Know Electrikboy", de Madkatt Courtship (FFRR, 1999)